viernes, 17 de noviembre de 2017

Yo para ser feliz quiero un... avión

Desde que tengo uso de razón, me excita viajar en avión, no hablo de "excitación" como entusiasmo o ilusión me refiero a ponerme cachonda. Por supuesto, cuando era pequeña no era más que una especie de cosquilleo, algo que no era capaz de explicar muy bien. No fue hasta años más tarde que me he dado cuenta del carácter sexual de ese (por aquel entonces) inocente placer.
Hay algo en el despegue y el aterrizaje que me recuerdan al acto sexual: primero viene la emoción, luego el rubor y el relax de dejarse mecer por los movimientos suaves, los cambios de ritmo, los movimientos bruscos...Y en ese momento la imaginación se dispara y ya no hay quien pare ese torbellino.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Recuerdos

Si tienes un recuerdo que te rompa por dentro cada vez que te asalte (una prenda de ropa, una canción, un aroma, una foto etc.), no lo evites, manoséalo hasta deje de doler. De esta forma adquirirá una nueva dimensión y se convertirá en una cosa diferente.


miércoles, 18 de octubre de 2017

Lluvia al fin

Cada vez que llueve, la ciudad entera (Madrid) se colapsa, la estaciones de metro se inundan, la gente te embiste con sus paraguas y sus caras grises...Pese a todo, se agradece al fin la lluvia, aunque las dos horas de transporte se conviertan tranquilamente en tres y yo me acuerde de Roger Wolfe y sus "Días perdidos en los transportes públicos". 

jueves, 5 de octubre de 2017

Uno, dos, tres

Contar fotos, contar caracteres, contar examantes, exnovios, contar las facturas para cerrar el trimestre, contar baldosas, contar los coches que te adelantan desde el carril bus, contar monedas, contar discos de artistas muertos, contar pasos, contar los minutos para el fin de semana, los días para las vacaciones, contar, contar, contar... contar mentiras y no creértelas ni tú.

 

lunes, 2 de octubre de 2017

El número de la bestia

Seiscientas sesenta y seis fotos son las que nos hemos intercambiado por WhatsApp en tres años y medio de relación. Ni una más, ni una menos, no deja de ser irónico. 
Ayer mismo las revisaba: vacaciones, listas de la compra, algún objeto inútil en una tienda, fotos de perros, más vacaciones. Visto así, a una le cuesta comprender por qué no seguimos juntos (se nos veía tan felices y enamorados en Almería). No hay fotos de la incomprensión ni los abismos, no hay fotos de los desplantes ni los reproches, tampoco hay fotos de los gritos o las lágrimas. Eso es lo peor, las fotos siempre mienten, quizá por eso y no por timidez es por lo que no tengo Instagram. No es que las palabras no mientan, pero siempre contienen algo de verdad.
Sin embargo, ahora que me has pedido que no contacte contigo de ningún modo y que te has llevado casi todas tus cosas, esas seiscientas sesenta y seis fotos son lo único que me queda de ti, de nosotros. Por eso ayer me sumergí (los domingos de resaca y sin sexo son muy duros) en esa galería que es a lo que ha quedado reducida nuestra relación. 
Ni siquiera son cenizas, sólo son seiscientas sesenta y seis imágenes en una galería de un chat inactivo de WhatsApp. 




viernes, 1 de septiembre de 2017

"Pienso para frotar el tiempo"

Me acuerdo mucho de ti cuando estoy en casa,
por tonterías,
ese abridor que te llevaste,
la ropa que te has dejado,
la taza que te regalé,
el juego de cuchillos...

Me acuerdo mucho de ti,
no es que la casa se me haga grande, al contrario,
pero hay pequeños detalles de la vida diaria
que me hacen pensar en ti.
Quisiera saber cuánto falta para que
esas cosas ya me pertenezcan sólo a mí.

Me acuerdo mucho de ti,
aunque me encanta vivir sola:
tener tiempo
y espacio para pensar,
pienso mucho y extrañamente
eso me hace feliz.

Me acuerdo mucho de ti,
y me pongo triste
pero sé que no te quiero desde hace tiempo.

miércoles, 12 de julio de 2017

Relatos extraordinarios (Mistress America)

A veces conoces a una persona y todo sucede de una forma extraordinaria, es uno de esos encuentros rodeados de magia, como si todo hubiese sido pensado o planeado así por otra persona antes.
No es más que un encuentro, una mirada o conversación intensa, no hay forma de volver a hablar o quedar, pero no importa porque tú sabes que si se tratara de una novela o película (y todos sabemos que la vida lo es) los protagonistas se volverían a cruzar más adelante.
Y mientras eso ocurre, te dedicas a vivir de la forma más intensa posible porque no quieres que tu libro sea un coñazo.